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CENTRO INTERNACIONAL DAISAKU IKEDA DE ESTUDIOS PARA LA PAZ
DAISAKU IKEDA INTERNATIONAL CENTER FOR PEACE STUDIES
池田大作 平和研究国際センター

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Dr. Daisaku Ikeda’s Message for the Founding of the Daisaku Ikeda International Center for Peace Studies

Daisaku Ikeda & Adolfo Pérez Esquivel Manifesto

Peace Proposal 2018

Peace Proposal 2019

Peace Proposal Rio+20



Dr. Daisaku Ikeda’s Message for the Founding of the Daisaku Ikeda International Center for Peace Studies

Mensaje del Presidente de la SGI con motivo del acto fundacional del Centro Internacional Daisaku Ikeda de Estudios para la Paz (CIDIEP)

Al Sr. Director del CIDIEP, Dr. Francisco Delich;
A todos mis entrañables amigos de la Argentina,
Y a todos los distinguidos asistentes, con el mayor de mis respetos:

“El noble y universal mensaje de paz y de amistad atraviesa todas las fronteras nacionales y espirituales –inventadas por la ignorancia del hombre– y une a todo el género humano”. Estas son palabras del respetado doctor Delich, que aún hoy resuenan en lo profundo de mi corazón, a casi veinte años de nuestro primer encuentro. Sin dudas, es un mensaje eterno e indestructible.

El 19 de febrero de 1993, bajo el cálido sol estival de Buenos Aires, me encontré por primera vez con el doctor Francisco Delich. En dicha ocasión, se me confirió un doctorado honorario de la prestigiosa Universidad Nacional de Córdoba. Aunque hacía poco había arribado desde Italia, el doctor Delich estuvo presente en aquella ceremonia. Jamás olvidaré su afectuosa cordialidad.

Hoy, por propuesta del doctor Delich, un gran líder intelectual, se inaugura el “Centro Internacional Daisaku Ikeda de Estudios para la Paz”. Para mí, es un honor indescriptible. Quisiera manifestar mi más profundo agradecimiento, así como mi compromiso de continuar esforzándome por el logro de una paz duradera en el mundo.

No tengo palabras para expresar mi honda gratitud. Siento una alegría inmensurable por poder compartir este honor junto a mis queridos y preciados amigos de la SGI de la Argentina.

No existe algo más alentador que ver, en todos los rincones del mundo, a jóvenes desbordantes de coraje y esperanza, actuando en bien de la paz en medio de esta sociedad caótica. El señor Delich, quien es un prominente educador, declaró lo siguiente: “Cuando surge la represión, aparecen dos clases de conductas. Hay quienes se oponen a ella pero permanecen callados. Y están los que, en cambio, la confrontan a través de las palabras. Yo elegí ser de esa clase de personas. ¿Por qué? Porque esa es la forma correcta de vivir”.

Me quedé impresionado. Nuestros primeros presidentes, Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda, se pusieron de pie para enfrentar al gobierno militar del Japón durante la guerra; incluso, Makiguchi terminó falleciendo en la prisión.

La paz es un derecho fundamental de los hombres. La paz es la prueba contundente de la victoria más sublime de la humanidad y del mundo. Y yo he heredado esta convicción de los maestros Makiguchi y Toda.

Ya han pasado 65 años desde que inicié mi lucha basada en esta filosofía de la dignidad de la vida.

Tanto en el caso de la política como en la economía y la tecnología científica, todas las actividades de la sociedad deben tener como fin la felicidad de los seres humanos, la seguridad de cada persona y la paz del mundo. Este es el momento de volver, una vez más, a ese punto primordial.

Tengo plena convicción de que, bajo liderazgo del doctor Delich, este centro llegará a ser una gran fuente de sabiduría donde se concentrarán la “fuerza de los jóvenes” y la “fuerza del pueblo”, a fin de crear una sociedad pacífica.

Compartiendo con todos los presentes la responsabilidad del futuro, estoy decidido a actuar resueltamente en bien de una “revolución espiritual”, para abrir el camino a una nueva historia de la humanidad y del planeta Tierra.

Para finalizar, quisiera expresar el profundo deseo de que mi amada República Argentina sea eternamente gloriosa.

¡Muchísimas gracias!

24 de agosto de 2012
Daisaku Ikeda




Manifiesto de Dr. Daisaku Ikeda y Adolfo Perez esquivel

A los jóvenes del mundo un llamado a la resiliencia y a la esperanza

Nos dirigimos a los jóvenes del mundo para que se unan y enfrenten los importantes retos de la humanidad, y sean constructores de su propia vida y de la historia del nuevo milenio. Nuestra esperanza es infinita porque estamos convencidos de que sabrán resolver los más diversos imperativos planetarios en unión solidaria.

En estos momentos, la humanidad se enfrenta a la vertiginosa dinámica de cambios que lleva a grandes desafíos.

Es necesario hacer memoria. La memoria nos ilumina el presente. Desde ahí podemos saber que existe la capacidad y la resistencia de los pueblos que construyen nuevas alternativas y son una luz de esperanza de que «otro mundo es posible».

El siglo XX marcó profundamente el caminar en la vida de la humanidad, entre luces y sombras, generando asimetrías e injusticias entre ricos y pobres, y entre los llamados países desarrollados y los países excluidos en vías de desarrollo, divergencia que se hace cada día mayor. El hambre es un crimen. La lucha contra la pobreza y el hambre es central. Para erradicar la desdicha de este planeta, debemos superar las diferencias entre países, etnias, religiones y culturas, y cooperar con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas que procura «transformar nuestro mundo».

Desafío por los nuevos tiempos

Hemos logrado ciertos avances en la construcción de nuevos tiempos. Uno de ellos es el Acuerdo de París que establece medidas para combatir el cambio climático.

El acuerdo entró en vigor en noviembre de 2016, en medio de la creciente amenaza de los fenómenos meteorológicos extremos y la elevación del nivel del mar, y fue ratificado por la mayoría de las partes.

Otro avance ha sido la aprobación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares en julio de 2017. Dicho instrumento jurídico internacional establece la absoluta ilegalidad de tales armamentos.

En noviembre del año pasado, el Vaticano fue sede de la conferencia internacional «Perspectivas para un mundo libre de armas nucleares y para el desarme integral» convocada por el Papa Francisco. Si buscamos abolir completamente los armamentos nucleares, es preciso eliminar la amenaza, pero también la ambición de poder y el afán de lograr la seguridad propia a costa de la vida y la dignidad de otros pueblos. Es necesario y urgente «desarmar la razón armada».

Nosotros dos hemos dialogado sobre temas de índole planetario, motivados siempre por nuestra ilimitada fe en el potencial de los jóvenes.

Hemos visto que las juventudes de todos los confines actuaron solidariamente con la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), como agentes clave de la sociedad civil, que impulsó la adopción del tratado antes mencionado.

El devenir del género humano depende del presente, de los jóvenes que tengan el coraje de enfrentar la realidad, sin dejarse doblegar ante la adversidad.

Martin Luther King (h.) señaló: «Estamos siempre en el umbral de un nuevo amanecer». Nosotros dos estamos convencidos de que siempre está la esperanza y la voluntad de construir un nuevo amanecer para la humanidad y para todo ser viviente en nuestra Casa Común, el planeta Tierra.

El problema de los refugiados es apremiante. La vida y la dignidad de miles y millones de personas son violentadas por las guerras y conflictos armados, por el hambre, por la violencia social y estructural. Hay que abrir los brazos, la mente y el corazón para la solidaridad con los más necesitados y revertir esa grave situación.

Nuestro mensaje a la juventud

Dirigimos este mensaje a la juventud. La fuerza de la unión solidaria nos permite resolver cualquier problema. Confiamos en que los jóvenes asumirán la búsqueda de soluciones, solidarizándose desde su lugar de pertenencia, identidad cultural y espiritual, generando todo un oleaje de acción dinámica y colectiva. Hacemos este llamado a los jóvenes para que asuman con responsabilidad el camino de la vida junto a sus pueblos, y tener la seguridad de que lo que se siembra se recoge.

La amenaza de las armas nucleares, el incremento de los refugiados por los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos causados por el cambio climático, la avaricia de los especuladores financieros que agravan la brecha entre ricos y pobres... Bajo todos estos problemas subyace la pugna desenfrenada por la supremacía militar, política y económica, que ensombrece la Casa Común, nuestro planeta Tierra.

Hay una tendencia preocupante en la sociedad: la ambición desmedida y exaltada de poder y riqueza que se traduce en el afán de obtener todo rápida y fácilmente.

La sabiduría de Oriente señala que tal ofuscamiento es provocado por tres impulsos negativos: La codicia regida por un irreprimible egoísmo, el odio o aversión, y la estupidez que nos hace perder el rumbo de nuestras vidas y de la sociedad.

El Mahatma Gandhi instó a las personas a juzgar sus propias palabras y acciones, reflexionando sobre la influencia que éstas ejercen en los más pobres y desvalidos, evocando sus rostros. Estaba convencido de que toda sociedad debía desarrollarse sopesando el bienestar de los desfavorecidos, sin abandonar a nadie. Esta visión coincide con el ideal humanista del lema «no dejar a nadie atrás» de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas.

Nuestro mensaje a la comunidad internacional

Mediante este llamado conjunto, instamos a frenar los excesos de las civilizaciones para restablecer el equilibrio entre el ser humano y la Madre Tierra, y proponemos a la comunidad internacional impulsar el empoderamiento de los jóvenes, a través de la educación en ciudadanía mundial, con el fin de cimentar la construcción de sociedades inclusivas.

Sugerimos implementar en todas las latitudes un nuevo conjunto de proyectos destinados a formar ciudadanos de conciencia planetaria hasta el 2030 y empoderar a los jóvenes para que liberen su capacidad y potencial ilimitados.

La iniciativa buscará:

  • Promover una conciencia colectiva sustentada en la memoria universal de la historia, para no repetir las tragedias.

  • Promover el entendimiento de que la Tierra es nuestra Casa Común, donde nadie debe ser excluido por las diferencias.

  • Promover la orientación humanitaria de la política y la economía, y cultivar la sabiduría para el logro de un futuro sostenible.


A fin de cumplir con estos tres objetivos, los jóvenes deben unirse solidariamente y generar una fuerza dinámica de acción para enfrentar los desafíos planetarios y proteger la Madre Tierra.

Con la antorcha en alto

Nosotros dos hemos vivido las tempestades de las guerras y la violencia del siglo XX. Esas vivencias impulsan nuestros insistentes esfuerzos para ampliar los lazos de fraternidad entre los pueblos, más allá de las diferencias étnicas o religiosas. Ahora sentimos la necesidad de acercarnos a los jóvenes del siglo XXI, para encargarles que sostengan en alto la antorcha de la amistad y la unidad en la diversidad, y fomenten la solidaridad por la armonía.

Adolfo Pérez Esquivel y Daisaku Ikeda consideramos que será sumamente significativo para las sociedades contemporáneas y futuras que los jóvenes asuman su compromiso junto a los pueblos para inaugurar un nuevo amanecer de esperanza, unidos solidariamente para velar por la dignidad de la vida, luchar contra las injusticias y compartir el alimento del cuerpo, del espíritu y de la libertad. Si así lo hicieren, construirán un valioso patrimonio espiritual universal de la humanidad, un nuevo mundo justo y solidario

5 de junio de 2018